“Llegas a un nuevo lugar y la banda te abre las puertas del pueblo y de su gente”

Yecla le vio entrar en la banda en el año 2000 y, aunque en 2003 puso rumbo a Madrid para estudiar Periodismo, la música nunca se quedó atrás. Desde entonces, David Val ha vivido entre Carabanchel y La Adrada con el clarinete (y el clarinete bajo) como brújula: certámenes como Kerkrade, conciertos memorables y bandas que le han abierto la puerta de pueblos enteros allí donde ha aterrizado por trabajo o por vida. Periodista, director de TecnoHotel, Director de Comunicación de Spirit Hotels&Apartments, vinculado a elperiodicodeyecla.com y autor de un libro sobre Carabanchel, sigue defendiendo el poder intergeneracional de las bandas como una de las formas más bonitas de crear comunidad.

David Val Palao

P. Para quien todavía no te ponga cara, ¿quién eres y dónde vives ahora?

R. Soy David Val, yeclano de nacimiento, carabanchelero de adopción, con casa en La Adrada, en plena sierra de Gredos y con centro de operaciones laboral en Bilbao. Así que vivo entre Carabanchel (Madrid) y La Adrada (Ávila), y esa doble vida me viene como anillo al dedo: en una tengo ciudad, proyectos y ritmo; en la otra, sierra, calma… y banda.

P. ¿Cuándo empezó tu historia con la música en Yecla?

R. Empecé con unos 10 años en la escuela de música de Yecla, cuando aún estaba en aquel edificio de las escaleras de la plaza. Mi primera experiencia fue digna de comedia costumbrista: me tocó dar clase con el Minuto, abrí el Eslava, y salí espantado. Duré un día. No era mi momento… ni mi método.

P. Pero volviste. ¿Qué cambió?

R. Volví años después y ya fue “la buena”. La escuela se había trasladado al Hospitalico, yo venía más centrado y con ganas. Me apunté en diciembre y quería saxofón, pero no había hueco, así que “el Lupi” me dijo que me apuntara a clarinete. Vamos, que el clarinete me eligió a mí…

Recogida Nuevos Músicos año 2000

P. ¿A quién le darías las gracias de aquellos años?

R. A Elías Ibáñez, mi profesor, por todo lo que me enseñó. Y a Anto López, la profe de solfeo, que tuvo paciencia de santa… aunque alguna vez la sacamos de quicio en esos años locos, sobre todo mi inseparable colega Pedro Díaz y yo.

P. ¿Cuándo entraste en la banda?

R. Con 12 o 13 años entré en la banda juvenil, que dirigía Pedro Navarro Ruano. Y en 2000 entré en la banda titular con Ángel Hernández como director. Tengo un recuerdo grabado: la banda entrando por mi calle para recogerme como nuevo músico, y mi tío Sebastián, ya retirado por aquel entonces, llevando la bandera. Hay momentos que te colocan la música en el centro para siempre.

P. ¿Cómo llegaste al clarinete bajo?

R. Creo que aquella pasión inicial por el saxofón me empujó a buscar un sonido parecido dentro de la familia del clarinete. Y ahí descubrí el clarinete bajo: un timbre único que, junto al de la trompa o el bombardino, es de los más bonitos de una banda, al menos para mí. Ya nunca lo solté. De hecho, en mi etapa en Churriana decidí comprar un clarinete bajo Yamaha, que es el que toco actualmente.

Curso de Verano “Ciudad de Yecla” 2006

P. Te fuiste de Yecla en 2003 para estudiar. ¿Te desvinculaste?

R. Me fui a Madrid en 2003, pero desvincularme, nunca. He tocado siempre que he podido: pasacalles, conciertos en el Teatro Concha Segura… y todo lo que cuadrara con la vida adulta, que es ese Tetris sin instrucciones que a todos nos toca resolver. Pero he tenido la suerte de vivir hitos con la banda en certámenes y escenarios que nunca olvidaré.

P. ¿Qué actuaciones o certámenes recuerdas más?

R. Muchos. Alginet (2005) o el famoso certamen con “Audivi Media Nocte” en el Palau de la Música de Valencia (2015) y también momentos que no estaban en el guion, pero se quedaron grabados para siempre. Por ejemplo, el premio de Riva del Garda, que fui a cubrirlo para elperiodicodeyecla.com: cuando escuchas la puntuación y ves a todo el mundo reaccionar como una sola persona, entiendes por qué una banda es una familia. Aun así, ningún momento superará a las sensaciones vividas con “Give us this day” en Kerkrade (2017). No sé si alguna vez volveré a disfrutar en un escenario tanto como durante aquellos 18 minutos. Solo de rememorarlo se me pone la piel de gallina.

Año 2005: Primer Premio en el Certamen Nacional de Bandas de Música «Vila d’ Alginet» (Valencia).

P. ¿Alguna anécdota que recuerdes?

R. Muchas, pero una inolvidable fue en el Certamen Regional de Bandas de Música “Ciudad de Cartagena” (2005). Yo no tocaba, estaba con Pedro en el público. Cuando dijeron que habíamos ganado, no me lo pensé: salí corriendo, subí al escenario, empecé a saltar, abracé a Elías… hasta que me di cuenta de que todos estaban guardando el tipo en el escenario. Me bajé avergonzado, levanté en volandas a Efi, la presidenta, y me volví a sentar con cara de “aquí no ha pasado nada”.

Y otra mítica –lo siento Pedro, tengo que contarlo– fue en una audición de fin de curso en la Escuela de Música, allá por 2000 o 2001. Tocábamos a trío: Pedro (clarinete), Elías Rodríguez (piano) y yo (clarinete bajo). De pronto, Pedro se hizo un lío, no sabía ni por dónde íbamos, así que nos quedamos tocando solos Elías y yo. Pedro nos miró y nos dijo: “Parad, parad”. Tuvimos que hacerle caso. Pedro se levantó, miró al público y dijo: “Lo siento, me he liado y tenemos que volver a empezar”. El público estalló en vítores y aplausos. Pero a pesar del bochorno tocamos de nuevo y lo bordamos.

P. Tu vida musical también ha pasado por más bandas fuera de Yecla. ¿Cómo fue ese camino?

R. En 2014, cuando me mudé a La Adrada, retomé el clarinete bajo de forma más activa en la banda de Sotillo de La Adrada. Y en 2015, tras volver a Madrid, me sumé a la Unión Musical de Pozuelo de Alarcón, donde volví a sentir la música con mayúsculas. Allí vivimos cosas emocionantes, como ganar el certamen de música de cine de Cullera. Y ya nunca lo dejé. En los últimos diez años he tocado con bandas en Pinto, Morata de Tajuña y con la de la propia federación, montando proyectos muy potentes.

Unión Musical de Pozuelo de Alarcón (Madrid)

P. Has estado metido también en gestión musical. ¿Qué papel jugó la federación de bandas de Madrid?

R. Fue una etapa intensa y muy bonita. Estuve vinculado a la Federación Regional de Sociedades Musicales de la Comunidad de Madrid, donde fui secretario varios años. Impulsamos proyectos como el festival María Milagros García, dedicado a la primera mujer que fue música de banda en la Banda Municipal de Madrid, y el I Congreso de Bandas de Música de la Comunidad de Madrid. También salieron iniciativas como la I Maderada y la I Metalada bandística, con solistas de primer nivel y conciertos en lugares tan simbólicos como el Parque del Retiro. Sin duda, años muy interesantes, de mucho trabajo, pero donde conseguimos poner a las bandas en el centro del debate, como con el I Desfile Reivindicativo de Bandas que llenó el centro de Madrid de músicos reclamando mejores condiciones y más apoyo por parte de las administraciones para este tipo de agrupaciones.

P. Dices que, para ti, las bandas son un vínculo social. ¿Por qué?

R. Porque una banda es un lugar donde caben edades, oficios e ideologías de toda índole. Es intergeneracional de verdad, y crea lazos de una manera que en pocos lugares se consigue. A mí me ha pasado en cada etapa: Yecla, Sotillo, La Adrada, Churriana de la Vega (Granada)… Llegas a un lugar nuevo y la banda te abre las puertas del pueblo y de su gente. He tocado con bandas en Villa del Prado, Las Navas del Marqués, Casillas, Arenas de San Pedro, Montealegre del Castillo… incluso en la isla de El Hierro. Y es curioso: cada vez que me he mudado, lo primero que he buscado es un pueblo con banda. Eso dice mucho de todo lo que me aporta.

Banda de Música de Sotillo de La Adrada (Ávila)

P. ¿Qué has descubierto con los años: por qué necesitas una banda allá donde vas?

R. Porque una banda es un hogar portátil. Llegas nuevo a un sitio y, de pronto, tienes ensayo, gente de todas las edades, bromas, disciplina, cervecita de después (o vino si es en Sotillo)… y un lenguaje común que no necesita presentación. He tenido trabajos, mudanzas y etapas distintas, pero la banda siempre ha sido la forma más bonita de sentirme parte de un lugar.

P. Ahora eres padre. ¿Cómo ha cambiado tu relación con la música?

R. Ser padre te ordena la vida… a su manera. Ahora toco más esporádicamente y he vuelto a la banda de Sotillo, porque me permite un compromiso más flexible. Pero no me engaño: volveré a etapas más intensas y ojalá sea con mi pareja y mi hijo al lado. La música siempre encuentra el hueco, aunque a veces lo tenga que negociar con biberones y horarios imposibles.

P. Esta sección se llama “Músicos yeclanos por el mundo”. ¿Tu “mundo” también ha sido profesional?

R. Sí. Mi periplo formativo y laboral me ha llevado por Madrid, Córdoba, Granada, y también por Inglaterra e Italia. Soy periodista y me dedico a la comunicación: actualmente soy Director de Comunicación de Spirit Hotels&Apartments y Director Estratégico de TecnoHotel, un medio especializado en el sector hotelero donde trabajo la estrategia editorial, contenidos, eventos y relaciones B2B.

P. ¿Y sigues vinculado a Yecla en lo profesional?

R. Muchísimo. Mantengo mi trabajo con elperiodicodeyecla.com, un proyecto al que llevo ligado desde hace dos décadas y que me conecta con Yecla de forma muy natural.

P. Además, estás muy ligado a Carabanchel. ¿De dónde sale eso?

R. Carabanchel es mi casa en Madrid y también mi proyecto más personal. Soy el fundador de PorCarabanchel, hago rutas históricas, escribo sobre el barrio y, recientemente, he publicado un “Memoria de Carabanchel”, un libro que recoge mucha investigación y memoria vecinal, incluida la hasta ahora desconocida y olvidada historia de la banda de música de Carabanchel.

P. Y 2026 también te ha traído cambios profesionales, ¿cuáles?

R. Sí. Desde enero estoy también vinculado a la cadena hotelera Spirit Hotels & Apartments, con sede en Bilbao, centrado en comunicación y estrategia de fidelización. Me gusta mucho porque une dos mundos que me apasionan: el relato (contar bien) y la estrategia (hacer que sirva). Aun así, sigo viviendo entre Carabanchel y La Adrada, y suelo viajar a Bilbao aproximadamente una vez al mes.

P. Para cerrar: si tuvieras que resumir lo que te ha dado una banda de música…

R. Me ha dado grandes amigos (Fran, Ernesto, Lupi, Pascual, Chucho, Pespo, Candela, Dani, Elena, Emilio, Raúl, Elías, Víctor, Nekane, Estrella, Chicho, el Mini…), a la mujer de mi vida y madre de mi hijo (María), pero también disciplina, viajes, humildad y algunas de las emociones más bestias que he vivido jamás. Me ha enseñado que lo importante no es solo tocar bien, sino tocar juntos. Y eso, en tiempos de estrés y pantallas, es un privilegio. Si alguna vez me pierdo, ya sé dónde encontrarme: en un ensayo, detrás de un atril… y con alguien diciendo “al cinco y continuamos”.

David Val Palao.

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