
Les ofrecemos la entrevista efectuada a Eduardo Sánchez Abad, trompa de la Banda Sinfónica de la Asociación de Amigos de la Música de Yecla, el pasado 16 de octubre de 2025, por Javi Serrano en el programa “A buena hora” de Arabí tv.
Una semana más, abrimos esta ventana a la Asociación de Amigos de la Música de Yecla, Diapasón. Hoy tenemos un tema interesante: los instrumentos que antaño se consideraban un poco más raros, pero que hoy son protagonistas de muchas obras. Uno de ellos es la trompa. Sé que la
P.- La trompa no es un instrumento tan popular como la trompeta o el clarinete, pero su melodía es igual de bonita. Y para hablar de ella, tenemos con nosotros a Eduardo Sánchez. Muy buenas, Eduardo.
R.- Muy buenas. Es posible que tengas razón. En mi caso, no puedo decir que yo eligiera la trompa… más bien la trompa me eligió a mí. Cuando empecé a aprender música pregunté qué instrumento hacía falta en la banda, y José Miguel, el director de entonces, me dijo que necesitaban trompas. Yo acababa de empezar solfeo de adultos y le propuse que, si me dejaban una trompa podía intentar aprender. No tenía ni idea, pero así fue como empecé. La verdad es que nunca me había fijado en la trompa; me llamaban más la atención el saxo o la trompeta, pero mira, al final aquí estoy.
P.- O sea, que priorizaste lo que hacía falta más que lo que te apetecía.
R.- Exactamente.
P.- ¿Y cuántos años llevas ya ligado a la Escuela y a la Asociación de Amigos de la Música de Yecla?
R.- Entré en la banda en 2001 y empecé a estudiar solfeo en 1998, justo en el año que vine a vivir a Yecla. No sabía absolutamente nada de música.

P.- Han pasado unos cuantos años… imagino que al final te enamoraste del instrumento.
R.- Claro. Cuando empiezas a dominarlo y consigues un sonido bonito, ya no lo cambias por nada. En su momento tuve una pequeña “tontuna” con el oboe, me gustaba mucho su sonido, pero el director me dijo que ni se me ocurriera, y me quedé con la trompa. Y la verdad, no me arrepiento. No es un instrumento sencillo.
P.- ¿Ves a gente joven interesada en seguir con la trompa y con la música en general?
R.- Sí, la verdad es que sí. Este año, por ejemplo, tenemos a un chaval, Darío, que ha empezado a ensayar con nosotros. Está muy motivado: se lleva las partituras a casa para practicar y se nota que tiene ganas. Si yo hubiera empezado a su edad, habría hecho lo mismo. Los jóvenes son la base de la banda.
P.- Y tú también estás ahí para orientarlos un poco, ¿no? Para que no se pierdan, para que valoren lo que tienen.
R.- Claro, nuestra labor es apoyarlos e intentar que se ilusionen. A veces cuesta empatizar del todo con chavales de 14 ó 15 años, pero ellos tienen su grupo y hacen mucha piña. La convivencia es muy buena. Algunos de nosotros ya tenemos cierta edad, pero eso no impide que el ambiente sea estupendo.
P.- Eso es lo bonito: la convivencia entre los jóvenes y los más veteranos. Son momentos especiales.
R.- Totalmente. El ambiente en la banda es muy bueno y siempre procuramos apoyarlos.
P.- La música tiene ese poder de unir. En casa, a veces los jóvenes no quieren que los padres se metan en su vida, pero luego van a la banda y tocan junto a personas de la edad de sus padres. Es precioso.

R.- Sí, y además aprenden mucho de los mayores. En la banda siempre hay modelos a seguir. Pero también hay que tener claro que esto no es una tarea fácil. Mucha gente cree que tocar un instrumento es “soplar y ya está”, pero detrás hay mucho trabajo, estudio y constancia. No es llegar y besar el santo. Aprender música requiere esfuerzo, disciplina y paciencia. La gente a veces no lo sabe, pero nosotros lo vivimos cada día.
P.- Tienes razón. Pasa igual en otros ámbitos, como el fútbol. Muchos se desaniman pronto. En la música, la constancia y el interés son esenciales.
R.- Por supuesto. Esa es la base de todo. Si no practicas, no avanzas.
P.- Llevas muchos años en la música. ¿Han cambiado las metodologías o las formas de enseñar?
R.- No lo sé con exactitud, porque dejé de ir a clase hace bastantes años, cuando ya tenía cierta soltura. Aun así, imagino que la base sigue siendo la misma. Sigo tocando en casa de vez en cuando, pero ya menos.
P.- También tienes hijos músicos, ¿verdad?
R.- Sí, tengo tres. Mi hija mayor, Marta, toca el saxofón tenor, antes tocaba el alto. Mi hijo Sergio era percusionista en la banda, pero por motivos de trabajo se fue a Barcelona. Y mi hijo pequeño, también llamado Eduardo, estudiaba fagot, pero decidió dejarlo. Le insistí un poco porque tenía muy buen oído y tocaba muy bien, pero preferí respetar su decisión. Eso sí, siempre puede retomarlo cuando quiera.
P.- Claro, eso no se olvida. Es como montar en bicicleta.
R.- Exacto. Tiene buena base. Y fíjate, mi hijo Sergio ha retomado la música: está estudiando batería de jazz en Barcelona. Me hizo mucha ilusión cuando me lo contó.
P.- ¡Qué bien! Entonces el alma musical sigue viva en la familia.
¿Qué le dirías a la gente que está pensando en apuntarse a la Escuela o formar parte de la banda?
R.- Que no se lo piensen demasiado. Que se acerquen a la escuela, pregunten y se informen. Da igual la edad o el instrumento, lo importante es tener ganas. Tocar un instrumento es una satisfacción enorme. Yo disfruto muchísimo los ensayos, especialmente cuando se acerca alguna actuación. Si te gusta la música, da el paso, aunque al principio cueste, merece la pena. Y si después de un mes o dos ves que no es lo tuyo, no pasa nada, pero al menos lo habrás intentado.

P.- Para terminar, ¿con qué obra te quedarías? ¿Cuál te ha marcado más?
R.- Recuerdo una que tocamos hace años, la Second Suite -no recuerdo ahora el autor-, con ritmos muy latinoamericanos. Me encantó, la tengo grabada en un CD de la banda y todavía la tarareo a veces.
P.- Mira, cuando tengas nietos y les pongas ese CD, les podrás decir: “Ese que suena ahí es tu abuelo tocando la trompa”.
R.- (Risas) Pues sí. De hecho, ya tengo un nieto, el hijo de mi hija Marta. Va a cumplir siete años y ya está en clases de música y movimiento. Aún no sabe qué instrumento escogerá, pero le encanta cantar y se nota que lleva la música dentro.

P.- Eso está genial. La música es buena para todo el mundo: jóvenes, mayores, adolescentes… incluso para las fieras, como dicen. Eduardo, muchas gracias.
R.- A vosotros, ha sido un placer.
Y ya saben, cada jueves abrimos esta ventana musical para conocer un poco más la labor de la Asociación de Amigos de la Música de Yecla. Si no sabéis lo que es un “do” o un “si”, no pasa nada: allí os lo enseñan, paso a paso, con paciencia y cariño.
Por Javi Serrano
Arabí tv.