Todo es música

Si por un momento te paras a analizar esta frase, te das cuenta de la gran verdad que esconde. La música está presente en todas las facetas y momentos de nuestra vida. Desde el primer latido del corazón en el vientre de nuestra madre, existe un sonido que nos rodea, nos envuelve. Es cuando esos sonidos se organizan, se visten de ritmo, entonces, se convierten en música confeccionando así nuestra banda sonora.

Pero, lo más curioso de todo esto es que esta fuerza tan poderosa que es la música ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes. Ya en la formación del universo, al describir los astros su propia órbita crearon su melodía. Lo mismo hizo el hombre en sus orígenes, formando sonidos con la necesidad de expresar y comunicarse, surgiendo la música como un lenguaje universal que no necesita palabras. Más antigua que la escritura. Así lo atestiguan flautas de huesos y marfil halladas en yacimientos arqueológicos qué datan de hace más de 40.000 años. La música era un pilar en sus vidas. La celebración de rituales a través de ritmos y cantos los conectaban con lo espiritual y permitían la unión de comunidades. Así la música evolucionó a través de los tiempos dotando a cada civilización con su propia identidad.

Cada nación, región o pueblo tiene su melodía, una melodía que ha pasado de padres a hijos desde tiempos que nadie recuerda y ha evolucionado según los descubrimientos, sentimientos y situación de sus creadores. Es una melodía que une pasado, presente y futuro. Une personas y hace que tengan algo en común sin perder su personalidad. Podemos tomar el ejemplo de nuestra tierra donde suenan pasodobles para teñir las calles de alegría; marchas de procesión que emocionan desde la pena infinita al orgullo más sincero . Pero también somos de muñeiras, sardanas, flamenco, jotas, coplas, manchegas, fandangos o, agurras. Estas son algunas de nuestras infinitas melodías, pero esa es la magia de la música que es capaz de hacerte llorar o reír, motiva, inspira, relaja, acompaña y aporta. Apasiona ver cómo se sigue manteniendo en cada lugar sus propios ritmos y composiciones. Siendo reflejo de sociedades y de sus cambios experimentados.

Yo tengo la inmensa suerte de entender este lenguaje que no conoce fronteras y que es el verdadero lenguaje universal. Me siento orgulloso y contento de pertenecer a una familia que perdura, la de los músicos, y, además, haciéndolo con un instrumento a mí lado como es el trombón que es capaz de crear todas las facetas de este arte por su sonido potente y versátil, capaz de adaptarse a una amplia variedad de géneros musicales, desde los más dulces y suaves que te hacen relajarte hasta los fuertes e intensos que te harán vibrar.

La música no lo es todo, pero forma parte de todo, es una de esas cosas que no aprecias hasta que la pierdes, pero no podrías soportar perderla. Pero sobre todo es infinita porque cada persona tiene una banda sonora en su vida que siempre le acompaña y nunca le juzga.

Jaime Juan Ortuño

Trombón Banda Sinfónica AAMY

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