
Me pregunto desde hace un tiempo qué sensaciones tengo antes de subir a un escenario (sea en el salón de actos de nuestra escuela, nuestro auditorio municipal y nuestro flamante teatro). Para averiguar la respuesta, la única solución posible y viable pasa por observarme en el proceso anterior a ejecutar una pieza en público, proceso el cual puedo dividirlo en fases. A saber.
El día anterior a la audición o actuación ir a la peluquería sí lo requiero a fin de que me corten el pelo.
De otro lado elegir con calma y tiempo qué ropa voy a vestir para que las prisas y los nervios no me estresen a última hora creando más nervios de los justos y necesarios.
¡El día ha llegado! Tras irme a una hora prudente a la cama con la finalidad de descansar, ya que el descanso favorece la empresa que voy a emprender, me levanto. Me doy una ducha rápida para posteriormente desayunar bien. Comer en condiciones es esencial sí deseo ejecutar una obra lo más perfecta posible.
Tras vestirme con la ropa elegida y pedir a mi madre que revise mi peinado y me realice una ligera pintura de labios me encamino hacia el lugar donde se llevará a cabo el evento. Para mí es preferible llegar con tiempo a fin de probar el piano, conocer la estructura del escenario y familiarizarme con el mismo
¡El gran momento se aproxima!
Las puertas se abren. La gente va entrando y va acomodándose en sus asientos. Conversan entre ellos. Se pide silencio y el acto es presentado. ¡Va a comenzar!

La hora ha llegado y llega mi momento. Me levanto y me dirijo al escenario presentándome e informando sobre lo que voy a interpretar. El piano me saluda y me da la bienvenida, conectando con él y con la melodía. En ese instante instrumento y yo somos uno. La obra ha finalizado, y siento que en el piano he volcado mi esencia porque parte de mí ha quedado en él impregnado.
Los nervios y las inseguridades se han diluido quedando solo un agradecimiento y amor absolutos.
Conchi Mora Forte.
Alumna Escuela de Música.