Discoplay y su boletín

Asocio mis primeros recuerdos como oyente de música a las reuniones familiares en torno a la radio de los abuelos, escuchando los programas de discos dedicados: ponían coplas, boleros, música clásica y orquestal ligera, pasodobles, piezas de zarzuelas, canciones infantiles… Sonaba la canción anunciada previa larga retahíla de dedicatorias, a veces interminables; mientras, en la espera, se habían acumulado crecientes deseos de oírla y luego, en su escucha, era sentida con palpable emoción. Así conocí las sensaciones que trasmitían los ritmos y melodías. Por mi corta edad me faltaba capacidad para comprender un amplio grupo de canciones cantadas, pero apreciaba las distintas músicas y los sentimientos que envolvían.

 Años después, en los primeros de la década de 1960, llegó a mi casa un sencillo tocadiscos y supuso un gran avance poder escuchar a la carta; además de los discos comprados en una ferretería local adquirimos varios discos por catálogo, desde la tienda en Madrid de Augusto Algueró afamado compositor y músico. Disponíamos en casa de un corto abanico de discos  a elegir, pero reunían  variedad de estilos. Luego descubrí otros sonidos nuevos, en la radio y en el transistor, oyendo programas con músicas extranjeras; tampoco comprendía las letras, pero trasmitían distintas y sugerentes sensaciones. Y esos nuevos sonidos llamados rock y pop fueron tomando espacio  en prensa y revistas, sobre todo en las especializadas en música y destinadas a la juventud. En las emisoras de radio del país, el aluvión de estas músicas acabó por relegar las melodías que anteriormente predominaban, encumbrando a numerosos nuevos grupos y vocalistas, foráneos, nacionales y latinos; estos dos últimos traducían letras, imitaban los recientes ritmos, o también cantaban en inglés. Crecía en número la gente que  se sumaba a los modernos sonidos, adoptando usos y modas llegados con el rock y el pop, evidenciando el deseo de dejar atrás tiempos con los que estaban en desacuerdo, haciendo de las novedosas cadencias y armonías motivo de relación y reuniones, a las que llamaron guateques, donde predominaban para bailar las canciones más pegadizas. Al mismo tiempo comencé a frecuentar amistades, dentro y fuera de las nuevas tendencias, con quienes escuchaban artistas y grupos singulares aunque menos conocidos y sin embargo, plenos de valores artísticos y sociales.

En febrero de 1976 recibí por correo el boletín gratuito “Discoplay” del mes en curso. Contenía treinta y seis páginas con abundantes fotografías de portadas de discos y los precios, en general, eran reducidos; contenía gran cantidad de las novedades musicales recientes, grabaciones superventas, una extensa y escogida colección de rock y pop, las tendencias de actualidad (en aquel momento la música disco) y amplia representación de grupos y cantantes de canción poética y protesta. Ofrecía también música infantil, en esa época era popular “Heidi”. Me llegaron cinco números en cada año de los sucesivos, donde fueron publicitando nutridas discografías comentadas de los grupos y artistas más importantes en candelero. Y en 1978 inauguraron el apartado de “Descuentos Progresivos”; sección mantenida después durante muchos boletines con otro nombre: “Gran Bazar”. Este apartado me facilitó comprar y acceder por precio módico a sonidos, grupos y artistas para mí poco conocidos hasta entonces, entre otros el Jazz de últimas tendencias (Impulse), Folk y música étnica de todo el mundo (Le Chant du Monde, Guimbarda y Folkways); a los sonidos avanzados de ECM, a la música antigua (Harmonía Mundi), la movida independiente, la Salsa de Fania, la New Age, la serie Masterwork  Portrait de música clásica, etc.

Y seguidamente apareció la sección “Overstock”, Restos o Liquidaciones, donde a través de los años encontré perlas musicales casi desconocidas. En los primeros años ochenta ofrecían además de música, posters, agujas de tocadiscos, chapas y poco más. Fue ampliándose este boletín con nuevas ofertas y contenidos: artículos de fondo sobre las coyunturas de la industria musical, entrevistas, sorteos, ventas de entradas para importantes conciertos… En los años finales de los ochenta enviaban, a quienes compraban, un Anuario con el listado de todas las grabaciones  editadas en España durante el año anterior. Discoplay fue aumentando sus ofertas tanto de música como de otros productos: ropa, cine, libros, numismática, modelismo, informática, artesanía, cursos por correspondencia y mucho más… El boletín fue mensual a partir de 1983. A partir de 1988 editaron hasta quince números anuales: Extras con el catálogo de importantes sellos discográficos y otros números monográficos dedicados a vídeos, DVDs de cine o a libros. Aumentó su grosor desde 1989, con alrededor de cien páginas. En 2001, el año que presentó la edición de la obra completa conocida hasta ese momento de Bach en 153 compact discs, también publicó un estadillo de clientes, contaban con un total de 497.839. Desglosaban sus ventas en un 50% de música, un 15% de videos y DVDs, un 6% de merchandising y un 9% de artículos varios. En Murcia sumaban 16.492 clientes, ocupando el puesto 7 del ranking nacional. Leí que tiempo después, en el momento de mayor crecimiento, alcanzaron tiradas de millón y medio de ejemplares.

  Este boletín mostró los estilos principales de música que compraba la ciudadanía hispana en el último cuarto del siglo pasado y en los siete primeros años de éste. Se notaba el espacio dedicado a cada corriente musical a través del tiempo; unos estilos ganaban lugar o lo reducían; emergían otros… Algunos géneros musicales tuvieron presencia en el boletín, con más o menos importancia, permanentemente. Presentaron, en su momento, las innovaciones tecnológicas de la imagen y el sonido: Video, luego el CD y el DVD.

El catálogo Discoplay fue la referencia para quienes coleccionábamos discos y cintas de música durante tres significativas décadas. El último número publicado fue el de septiembre de 2007, fecha cercana al cierre de la empresa. De los ejemplares recibidos conservo  trescientos treinta y ocho; me faltan escasos números, algunos se extraviaron por diversos motivos. Aquellos que tengo los he revisado periódicamente, siempre descubriendo algo interesante, pues la afición por la música cristalizó en mí desde aquella lejana fecha en que entró un tocadiscos en la salita de mi casa; el conocimiento musical lo cultivé desde entonces. En gran medida se lo debo a esta publicación que me puso al alcance una gran diversidad de estilos musicales, ayudándome a apreciar la música en toda la grandeza de su inmenso horizonte.

Justo Soriano Aliaga.

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