
Soy de aquellos que pasaban tiempo ante un escaparate de discos, en épocas que comprar alguno suponía a la familia un esfuerzo monetario significativo. Por entonces estaba en la edad infantil y contemplando los microsurcos tenía sentimientos de fantasía y cierta envidia e intentaba recomponer en mi cabeza las letras y músicas que contenían. También calibraba las posibilidades de conseguir el más deseado y cuanto luciría aquella pieza en la colección casera.
En la calle ahora llamada Hospital, en la acera de abajo, tenía su domicilio la ferretería de Alberto Muñoz, distribuidor de la marca Philips. Mostraba, en sus escaparates de la entrada, grabaciones de tamaños grandes (LP´s) y pequeños, (EP´s y Singles). Por relaciones de amistad, nos prestaban algunos para decidir previamente su compra. Así, varios pequeños vinilos de las famosas orquestas de Mantovani, Edmundo Ros y Frank Pourcel, éste con la exquisita versión del tema de la película “Johnny Guitar”, consiguieron acercarme a la música instrumental y melódica. Un EP (cuatro canciones) de la vocalista hoy olvidada María José, acompañada por el conjunto de Filippo Carletti, que contenía dos piezas de Augusto Algueró, sin percibirlo entonces, sirvió para acercarme a los territorios del jazz. Debo añadir varios discos inolvidables de Conchita Piquer, Imperio y Marifé de Triana que me anclaron a la copla y otros dos líricos, de Teresa Berganza y de Alfredo Kraus, con los que comencé a escuchar romanzas de zarzuelas.

Frente a esta tienda, existía una modesta vivienda y taller de electricidad de la que no recuerdo su nombre. En la minúscula ventanita de su fachada ponían varios discos pequeños, entre los que destacaba la imagen de Enrique Guzmán con porte de dandi, conteniendo varias canciones atrayentes; sobresalía entre ellas “Harlem Español”, versión de “Spanish Harlem” un enorme éxito mundial de 1961 en la voz de Ben E. King. Así fue mi aproximación a la figura que ahora denominamos crooner.
En la calle España, el establecimiento de un técnico en radiocomunicaciones llamado Ramón Ortín vendía y reparaba, entre otros aparatos, los receptores de radio. Desde allí emitió la emisora local en los primeros años de la década de los cincuenta del pasado siglo. Me detenía en su escaparate a mirar los discos expuestos, impresionado por la portada de la banda sonora de la película “Botón de Ancla” con el Dúo Dinámico, embelesado en las fuentes de Montjuic del titulado “Festival del Mediterráneo 1959” con las Hermanas Serrano y atraído por los dibujos de los disco-cuentos “El Rey del Mar” y del héroe infantil Bambino; todavía escucho con agrado estas teatralizaciones infantiles y las acertadas interpretaciones de aquellos dúos, importantes en la historia de nuestra música ligera.

En la calle Juan Ortuño no lejos de la Iglesia de El Niño, en la acera de abajo donde hoy encontramos un solar baldío, estaba una importante ferretería del pueblo conocida por “José María el de los hierros”. En su gran exposición contigua vendían, aparatos de radio, novedosos televisores “Telefunken”, diversos artículos para el hogar, electrodomésticos y máquinas de coser; además exponían muy cerca de su puerta de cristal, entre otros, varios discos pequeños de The Beatles con portadas inolvidables. De esa tienda hay títulos a los que les tengo especial afecto: a uno de cuatro canciones de Estrellita de Palma con interpretaciones aflamencadas y un LP de Salomé dedicado a boleros, varios de ellos con la firma de Armando Manzanero.
Sólo recuerdo finalmente, de aquellos primeros tiempos, un taller de electrónica en la calle Colón; su titular, Juan López, no solo vendía televisores “Sylvania” sino también discos. Comprado allí, he apreciado siempre el EP del Dúo Dinámico “Escala en Tenerife” con canciones de esa película.

Pasaron unos años hasta que el céntrico comercio de gorras, librería, papelería y venta de tebeos conocido por “Botella”, situado al lado de la librería Narsio, dedicara espacio en su escaparate a ofrecer discos. Transcurría la última mitad de los años sesenta en coincidencia con la profusión del rock y el pop, con el desarrollo industrial, con una generación joven trabajadora que disponía de algún dinero para gastar y también deseosa de bailar y gozar con los nuevos ritmos. De comprar en ese sitio tebeos durante mi infancia, pasé en época juvenil a conocer y adquirir pequeños vinilos para mí, al margen de los que comprara la familia. Las primeras adquisiciones fueron discos de 45rpm: “Hilo de seda” de Los Pekenikes, “Renacerá” de Los Brincos, ”Get on your knees” de Canarios, “Black is black” de Los Bravos y también de las voces que estaban en lo alto de la fama: Adamo “Tu nombre”, Karina “El baúl de los recuerdos”, Serrat “El titiritero”, Raphael ”Yo soy aquél”; me hice seguidor del folk con el grupo Nuestro Pequeño Mundo “Sinner Man”, “Me casó mi madre” … Compré allí variados LP’s: “Abbey Road” de The Beatles, “Catch bull at four” de Cat Stevens, “Thick as a brick” de Jethro Tull, “Puente sobre aguas turbulentas” de Simon and Garfunkel,”Best of Afrodite’s Child” con Demis Roussos y otro LP muy importante:” Fuente y Caudal” de Paco de Lucía.

Alrededor de la mitad de los setenta abrió sus puertas “Foto-Club El Molino” para venta de discos, casettes y estudio de fotografía. Brevemente estuvo en la calle San José, frente a la casa y entonces farmacia de la familia Torregrosa, trasladándose luego al inicio de la calle Esteban Díaz. Allí exploré, en sus repletas cajoneras, la gran cantidad de LP’s que pusieron a la venta. Conseguí el primer LP de Salsa,”Rhythm Machine” de Fania all Stars. Los de Bossa Nova “En la Fusa…” con poesías y voz de Vinicius de Moraes, acompañado por Toquinho, María Creuza y María Bethania. Varios de canciones de autor: “Fidelidad” de Luis Pastor, ”Silencio” de Adolfo Celdrán , “Al Alba” de Rosa León, “Canta sus últimas composiciones” de Violeta Parra, “Te recuerdo Amanda” de Víctor Jara. El pop del momento: “The Dark Side of the Moon” de Pink Floyd, “Hijos del Agobio” de Triana, “Veneno” con Kiko Veneno, ”A pesar de Todo” de Hilario Camacho, ”Pictures At An Exhibition” de Emerson ,Lake & Palmer. Y unos cuantos más, de otras corrientes musicales: Clásica, Soul, Disco, Funk…

Poco después, en la misma calle Esteban Díaz frente al Banco Sabadell (antes CAM), abrió otra tienda llamada “Telesonic” donde adquirí un par de LP´s de jazz de mucha enjundia: “A night in Tunisia” de Art Blakey’s Jazz Messengers y ”Live from The Showboat” de Phil Woods Six.
Y una tienda de entrañable recuerdo estuvo, a finales de los años setenta y primeros ochenta en la calle Juan Ortuño, en el local que ahora ocupa una agencia de viajes. Se llamaba ”Imagen” y el titular, experto conocedor musical, Rafa Javier. Allí compré un par de LP´s dobles de selecto jazz, interpretados por John Coltrane: “Rain or shine” y “The stardust session”. Y otros dos LP´s titulados “Los Jaivas” y “Canción del sur”, ambos de un grupo chileno llamado Los Jaivas, creadores e intérpretes de una singularísima música, mezcla de modernidad y tradición andina; todavía están en activo, según me comentó hace pocos meses un yeclano que ha residido en Chile y es amigo personal de los músicos.

Y hasta aquí llegan mis recuerdos de los comercios locales dedicados a la venta de discos. Se vendían discos en Yecla, al menos, desde los años veinte del pasado siglo; está documentado en anuncios de la prensa local de la época, probablemente adquiridos por personas o familias acomodadas. Fue a partir de la segunda mitad del siglo XX cuando los discos se difundieron masivamente como producto de la sociedad moderna, también llamada sociedad de consumo.
Hoy, la música en sus varios tipos de soportes físicos, LP, CD o DVD sigue vendiéndose en nuestra ciudad, aunque en fuerte competencia con las plataformas virtuales.
Quedan pendientes, para otro momento, las consideraciones culturales y económicas producidas por la música como mercancía que son de gran envergadura y controversia.
Justo Soriano Aliaga.