CUARTETO PARA EL FIN DE LOS TIEMPOS
En mayo de 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, Olivier Messiaen fue capturado y enviado al campo de prisioneros de Görlitz. En el frío invierno compuso el Cuarteto para el fin de los tiempos para interpretarlo él mismo al piano junto a sus compañeros prisioneros el clarinetista Henri Akoka, el violinista Jean le Boulaire y el violonchelista Ètienne Pasquier. Gracias a la bondad de uno de los guardas, Carl-Albert Brüll, que le proporcionó papel y lápiz, pudo componer el cuarteto en ocho movimientos que representan el Apocalipsis: I. Liturgia del cristal; II. Vocalice, para el ángel que anuncia el fin del Tiempo; III. Abismo de los pájaros; IV. Interludio; V. Alabanza a la eternidad de Jesús; VI. Danza de la furia, para las siete trompetas; VII. Racimo de arco iris, para el ángel que anuncia el fin del Tiempo; VIII. Alabanza a la inmortalidad de Jesús.
La obra fue representada al aire libre un día de lluvia, el 15 de enero de 1941, ante una audiencia de unas cuatrocientas personas, entre sus compañeros prisioneros y los guardas.
El texto en el que se inspiró, del Apocalipsis de San Juan, dice así:
Vi a un poderoso ángel que descendió del cielo, envuelto en una nube, con un arco iris en la cabeza. Su rostro era como el sol, sus pies como columnas de fuego. Puso su pie derecho sobre el mar, su pie izquierdo sobre la tierra, y apoyándose en el mar y en la tierra, levantó su mano hacia el Cielo y juró por Aquel que vive por los siglos de los siglos, diciendo: No habrá más tiempo; pero el día de la trompeta del séptimo ángel, el misterio de Dios se completará.

TRILOGÍA DE LA GUERRA
Durante la Segunda Guerra Mundial, entre 1941 y 1945 Dimitri Shostakovich compuso tres sinfonías conocidas como su Trilogía de la Guerra, en el que la evolución desde la 7ª a la 9ª cambió el reconocimiento de Shostakovich ante el régimen comunista.
La Sinfonía nº 7, llamada Leningrado, manifiesta programáticamente un carácter heroico ante el asedio de los Nazis. El ejército alemán llegó a Leningrado el 8 de septiembre de 1941, acabando con la mitad de la población. El estreno de la 7ª sinfonía en Leningrado fue el 9 de agosto de 1942. Esa mañana la artillería nazi disparaba sobre la ciudad y los soviéticos lanzaron un fuerte ataque en contraofensiva para poder llevar a cabo la representación de la obra en la Gran sala de la Filarmónica, interpretada por famélicos músicos supervivientes de la Orquesta de la Radio de Leningrado junto a músicos militares. El estreno fue utilizado como arma psicológica al retransmitirse mediante altavoces a las líneas alemanas.
La Sinfonía nº 8, es denominada Stalingrado. El 4 de noviembre de 1943 el director Yevgeni Mravinsky la estrenó en Moscú al frente de la Orquesta Filarmónica de Leningrado. Unos meses antes, el 2 de febrero de 1943, el ejército nazi había sido derrotado en Stalingrado, alentando el espíritu triunfal del régimen soviético, sin embargo, el compositor había sustituido el carácter heroico por uno más introspectivo, ahondando descriptivamente en la tragedia de los horrores de la guerra. Esto hizo que no fuese aceptada políticamente y la sinfonía fue fuertemente criticada.
El 4 de febrero de 1945 Stalin, Roosvelt y Churchill se habían reunido en la Conferencia de Yalta para discutir sobre el futuro, ante la perspectiva del cercano fin de la guerra. Unos meses después, ya dada por finalizada la guerra, el 3 de noviembre de 1945, se llevó a cabo el estreno de la 9º Sinfonía en Leningrado. Yevgueni Mravinski dirigió a los músicos de la Filarmónica de Leningrado y el concierto fue retransmitido por la radio. La Sinfonía produjo el rechazo de régimen, que esperaba una exaltación del triunfo patrio. Shostakovich confesó:
Querían de mí una fanfarria, una oda, una Novena majestuosa… Dudo que Stalin cuestionara alguna vez su propio genio o grandeza. Pero cuando ganó la guerra contra Hitler, se volvió loco, como una rana que se hincha hasta alcanzar el tamaño de un buey, y ahora se suponía que yo tenía que escribir una apoteosis de Stalin. Sencillamente, no pude…. Mi testarudez me costó cara.
Efectivamente, su rebeldía al dejar su impronta y no plasmar las exigencias del régimen de Stalin le costó caro. Poco después, en 1948 el Comité Central del Partido Comunista lo puso en su lista negra, tachado de formalista, de debilidad ideológica y de rebeldía por no describir el espíritu heroico del pueblo de la Unión Soviética.

TRENO A LAS VÍCTIMAS DE HIROSHIMA
El 6 de agosto de 1945, a las 8:15 horas de la mañana, el bombardero estadounidense B-29 lanzó una bomba atómica, a la que llamaron Little boy, con una potencia explosiva de 16 kilotones, sobre la población civil en la ciudad de Hiroshima. Fallecieron 140.000 personas, ya fuesen por el impacto inicial o por las consecuencias posteriores de la radiación. El 9 de agosto de 1945 una segunda bomba, apodada Fat man, de 25 kilotones, fue lanzada sobre la población de Nagasaki acabando con la vida de 70.000 personas.
El 2 de septiembre de 1945 quedó anotado como el final de la Segunda Guerra Mundial, ante la rendición de Japón.
Nada justifica tal masacre, quedando las secuelas psicológicas en la población mundial. Quince años tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, en 1960, el compositor polaco Krzysztof Penderecki, nacido en 1933, seis años antes de la invasión nazi en Polonia, compuso Treno a las víctimas de Hiroshima, una obra con la que exploró diferentes tímbricas y texturas, con un trasfondo expresionista, exento de melodías, por medio de una orquesta de cuerdas de 52 instrumentistas, cada uno de ellos con su propia voz, con la intención de transmitir el sufrimiento, la tragedia, el dolor, el horror y el llanto de las víctimas de Hiroshima. Treno representa un lamento fúnebre en la lírica griega arcaica. Con esta obra obtuvo el tercer premio en la Competición de Composición Grzegorz Fitelberg en Katowice.
Originalmente la obra se llamó “8:37” pero dada su fuerza expresiva le cambió el nombre. Penderecki manifestó:
Dejé en el treno expresada mi firme creencia que el sacrificio de Hiroshima nunca será olvidado y abandonado.

Silvia Olivero Anarte.